sábado, 19 de abril de 2008

El Shem Shemaforash

El Arca de la Alianza, el arma con la que los judíos derrotaron a los filisteos arios y les arrebataron la Tierra Prometida. La mayor reliquia del Judaísmo.

Todo se basa en el conocimiento de una palabra secreta que es el verdadero nombre de Dios, una palabra que al abarcar a Dios abarca su Creación y tiene fuerza para modificar la naturaleza. Esa palabra se denomina en hebreo, el Shem Shemaforash.

En los tiempos bíblicos solamente la conocían dos personas, el Baal Shem o Maestro del Nombre, que solía ser el sumo sacerdote, y otra persona designada por él para que la palabra no se perdiera en caso de fallecimietno súbito del Baal Shem.

Una vez al año, el Sumo Sacerdote se revestía con un peto ceremonial en el que había engastadas 12 piedras de distinta naturaleza (una por cada tribu de Israel), y penetraba solemnemente en el Sanctasantorum del Templo para pronunciar el Shem Shemaforash ante el Arca de la Alianza, en voz baja. EL Arca de la Alianza era el asiento de Dios. De este modo se renovaba la alianza entre Dios y la humanidad y se renovaba la creación para que el mundo continuara existiendo.

El Rey Salomón era el segundo depositario del Shem Shemaforash, y para evitar que algún día pudiera perderse ideó una especie de jeroglífico geométrico a partir del cual puede deducirse la Palabra Secreta.

EL Rey Judío lo hizo inscribir en una plancha metálica, una especie de talismán de oro, engastado con piedras preciosas, que los autores latinos denominan la Mesa de Salomón, y los autores árabes, el Espejo de Suliman. Este objeto se guardaba en el Sanctasanctorum del Templo, junto con el Arca de la Alianza y los otros tesoros sagrados.

Cuando los romanos conquistaron Jerusalén, en tiempos de Tito, se apoderaron de la Mesa de Salomón y la depositaron en el templo de Júpiter, en Roma, donde permaneció cuatro siglos, hasta que los godos conquistaron Roma y se llevaron el tesoro imperial (1).

Tiempo después, cuando los moros invadieron el reino godo de España, la Mesa de Salomón formó parte del botín que reclamaba el Califa de Bagdad, pero en este punto la pista se perdió. Al parecer quedaron copias de su jeroglífico en algunos monasterios de la región. Desde entonces, el secreto de la Mesa de Salomón se ha buscado en esos santuarios.

Los templarios poseían el Shem Shemaforash, la Palabra Secreta, y realizaban cada año los ritos de propiciatorio, oficiando el Gran Maestre como Sumo Sacerdote (2).

Lápida de Arjona. Fotografía de Alfonso Nieves

En el libro "Los templarios y otros enigmas medievales" el escritor Juan Eslava Galán afirma que en unas obras que se realizaron en 1956 en la Cripta del Barón de Velasco de la Iglesia de San Juan Bautista en la población de Arjona, Jaén, se encontró una lápida de marmol de carrara con un extraño dibujo geométrico circundado por tres letras hebreas. Según algunos estudiosos podría tratarse de una representación esquemática de La Mesa de Salomón.

La piedra se halla hoy en paradero desconocido, pero según relata Juan Eslava Galán en su novela "La lápida templaria" coincide con la piedra que está empotrada en el muro derecho de las escaleras del Ayuntamiento de Arjona. Es un tipo de gráfico geométrico que nos recuerda a los misteriosos círculos de las cosechas.

El escritor Juan Eslava Galán (de seudónimo Nicholas Wilcox). La Iglesia de San Juan Bautista en Arjona, Jaén. Y el libro de "La lápida templaria".

¿QUÉ ES LA CÁBALA? (3)

Es una ciencia, algo así como una matemática sagrada o alquímica del espíritu divino. Se basa en ciertos textos de la Bíblia. Según la Cábala, todo lo que existe en el mundo corresponde a un modelo ideal pensado por Dios.

Dios creo el mundo dando nombres a las cosas. Nombrar es crear, evocar, sacar de la nada. Entender la esencia del objeto es poseer el objeto mismo, es tener poder sobre él.

El principio esencial de la Cábala sostiene que cada objeto de la creación tiene un nombre, una fórmula verbal, sonora y escrita, que contiene su esencia, un nombre que es como una fórmula de la que dependen su existencia y sus propiedades. Incluso sociedades bastante primitivas intuyen esa realidad y pronuncian palabras u oraciones mágicas para atraerse el favor de la divinidad o evitan palabras tabú que atraen la desgracia.

La tradición judía sostiene que Dios reveló la Cábala en el Sinaí a Moisés, y él desarrolló la ciencia de conocer el nombre esencial de las cosas. Según la Cábala, la potencia divina reside en el Verbo, en la Palabra.

A Dios, como existencia, también le corresponde un nombre, el Shem Shemaforash, el Nombre Secreto impronunciable. Moisés y sus sucesores lo susurraban una vez el año delante del Arca para que el mundo siguiera existiendo.

En Jericó hicieron tocar las trompetas para que nadie pudiera oír el Shem Shemaforash gritado por el sacerdote para demoler las murallas. Otra tradición judía asegura que el mundo se sostiene en los Hasidei Ummot Haolam, los treinta y seis hombres justos.

El día que no existan esos justos perecerá, quizá Dios había previsto ese motor auxiliar para que el mundo siguiera existiendo mientras el Shem Shemaforash andaba perdido.

La Cábala.
Su mecánica se basa en un principio relativamente simple: si los textos Sagrados son inspiración directa de Dios, que simplemente usó un redactor humano como amanuense, esa emanación directa de Dios se plasma en un texto absoluto en el que el azar se reduce a cero.

Un hombre sabio al que admiro escribió: Un libro impenetrable a la contingencia, un mecanismo de infinitos propósitos de variaciones infalibles, de revelaciones que acechan, de superposiciones de luz, ¿cómo no interrogarlo hasta lo absurdo, hasta lo prolijo numérico.

En la escritura revelada por Dios no puede haber nada que se sea fruto de la casualidad. Una emanación directa y voluntaria de Dios tiene que participar de su propia perfección.

Por lo tanto , el libro, que es parte de Dios mismo, resulta ser un sistema perfecto, cerrado, glorioso, a través del cual, por medio de su estudio, el hombre puede remontarse a la comprensión de la obra divina trascendiendo sus propios límites; el hombre puede elevarse por encima de las limitaciones de su ser hasta la inteligencia de Dios.

El Libro es una escalera para llegar a Dios. El no puede repudiar un acercamiento del hombre, puesto que le ha legado las claves de su obra en el Libro sagrado. La comprensión de la obra de Dios implica el conocimiento del mundo y de sus mecanismos. Conocer es poder. De ese modo la Cábala conduce al poder.

El conocimiento absoluto de la palabra clave, el Nombre secreto de Dios, el Shem Shemaforash, conduce al poder absoluto, al prodigio del Arca frente a los muros de Jericó. El conocimiento del Nombre de una cosa otorga poder sobre ella.

EL conocimiento de un dios da poder sobre él. EL conocimiento del Nombre del Creador, del principio máximo, otorga poder sobre su obra, es decir, sobre la creación misma. Es el poder sin límites.

Cuando el portador del nombre pronuncia el Shem Shemaforash, sus ondas vibratorias se expanden concentricamente hacia innumerables centros y sus superposiciones o esquemas de interferencia forman nódulos de energía atrapada que se convierten en ígneos cuerpos rotatorios del firmamento.

Ese sonido emitido, esa enunciación de la idea de Dios es lo que los pitagóricos llamaban la "Música de las Esferas". El Shem Shemaforash no está escrito en caracteres alfabéticos, porque es anterior a cualquier alfabeto.

Está escrito en forma de Shekinah, es decir, en forma de figura geométrica a partir de la cual hay que deducir sus valores fónicos. La geometría armónica tiene que ver con la organización espacial. Las formas u ondas sonoras están estrechamente relacionadas.

La Naturaleza se supedita a la Aritmética y a la Geometría. Todo depende de frecuencias vibratorias, ondas armónicas de energía, formas melódicas que brotan de la proporción geométrica.

La Geometría es ordenación de la materia; a la relación espacial le corresponde una formulación sonora. Esta ciencia tuvo en la antigüedad tres formulaciones: los llamados trimurti, los tres semblantes: la Cábala hebrea, el Hermetismo egipcio y la Gnosis griega.

Solamente la Cábala hebrea ha resistido al paso del tiempo, en ocasiones transformada en Cábala Cristiana. Algunos cristianos la practicaron, se dice de San Bernando de Claraval..el cual definió a Dios como longitud, anchura, altura y profundidad.

Existe una correspondencia de las veintidós letras del alfabeto hebreo con los veintidós polígonos regulares de la Geometría común.

(Artículo reproducido este artículo de www.pagina.de/templarios .
La referencia de la lápida de Arjona no proviene de dicho artículo)


Hemos querido reproducir este artículo por su interés en cuanto que trata sobre La Mesa de Salomón. No obstante también queremos apuntar algunas Observaciones:

(1).- No está demostrado que los romanos se apoderasen de la Mesa de Salomón.
(2).- No está demostrado que los templarios tuvieran en su poder el Shem Shemaforash.
(3).- Dentro del amplio mundo judío, no todo era pureza de la Ley de Dios o pureza evangélica; también había algunos círculos que seguían ciertas tradiciones esotéricas y místicas.

En este sentido, la Cábala, que proviene del hebreo, Cabbalah, está considerada como un arte supersticioso practicado por algunos judíos, quienes creían descubrir el sentido de la Sagrada Escritura por medio de anagramas, transposiciones y combinaciones de las letras hebraicas. La Astrología, la Nigromancia, y las demás ciencias ocultas, estaban fundadas en la Cábala.

(Este artículo fué recogido el 9 de Noviembre de 2006)

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Libro de La Cueva de Hércules y La Mesa de Salomón